«De su rico tesoro, dará la lluvia necesaria y hará prosperar los trabajos» (Deuteronomio 28,16)

Claro es que recibimos (por gracia de Dios) y mucho….pero damos en igual mediada?

Las oportunidades de dar no faltan en nuestras realidades….cuántas necesidades hay en las gentes por estos lugares y en todo el mundo. Cada lectora o lectora puede hacer su propia lista ….desde la sencilla pero imprescindible necesidad de cuidado y cariño de algún pequeño hasta - la también imprescindible – necesidad de alimentos repartidos con más justicia, dignidad...un “ bien estar” para todas las gentes.

Y de este lado está lo que recibimos, todo lo que Dios nos da y que llega de muchas maneras... “de su rico tesoro, dará la lluvia necesaria y hará prosperar los trabajos “( Deuteronomio 28,16), las referencias bíblicas pueden ser muchas...dones, recursos variados, capacidades diferentes...la propia vida.

Ma el asunto es que lo que se ve, es que prima nuestra tendencia – muy humana decimos para justificarla - por el lado del egoísmo y el orgullo por mis éxitos ( con mi esfuerzo tengo lo que tengo¡¡) ; y eso que es “mío” es para mi...lo tengo en el banco, lo cuido, lo atesoro . Esto nos aleja de la propuesta de Dios en Jesucristo porque “nos se puede servir a dos señores¡¡¡”...Y esa ambigüedad nos lleva a que nuestro ‘dar’ se vuelva en alguna limosnita, alguna que otra ofrenda, un poco de tiempo para tal tarea….Y en todo caso, que se ocupen los que si tienen tiempo y dinero...los otros. Y descansamos nuestro “dar” en los demás. Hablamos de nuestra Diaconía con placer, pero que lo que sea necesario lo ponga el Estado o las Agencias ; hablamos del sostén de nuestra Iglesia pero apenas se sobrevive..

Panorama triste el que describimos….así es, a veces nos vence una especie de pesimismo super crítico; y llega lo lindo, lo que renueva y empuja….porque servimos a Uno que vino a eso, a darse, a servir ¡¡….como dice una canción , para invitarnos a la tarea, “ vamos, que ya vienen nuevos días y camina con nosotros uno, que hace amanecer ¡¡¡ (Canto y Fe, 240)